El cáncer de vejiga se desarrolla cuando las células que recubren el interior de la vejiga urinaria comienzan a multiplicarse de manera anormal y sin control. Es uno de los cánceres urológicos más frecuentes, sobre todo en personas mayores de 55 años.

En México, el cáncer de vejiga ocupa un lugar dentro de los quince tipos de cáncer más diagnosticados, con un registro de 3,814 nuevos casos.
Su signo más característico es la hematuria, es decir, la presencia de sangre en la orina. También puede manifestarse con molestias al orinar, necesidad urgente o frecuente de ir al baño y sensación de ardor. Otros síntomas asociados incluyen dolor en la zona lumbar o abdominal, hinchazón en pies y cansancio generalizado.

Esta enfermedad es más común en hombres que en mujeres y puede presentarse en distintas variantes, siendo el carcinoma urotelial la más habitual. Entre los factores que aumentan el riesgo de padecerla se encuentran el tabaquismo, la inflamación crónica de la vejiga, los antecedentes familiares con este diagnóstico y la exposición a ciertos compuestos químicos.
Las pruebas y los procedimientos utilizados para diagnosticar el cáncer de vejiga, de acuerdo con la Clínica Mayo, incluyen lo siguiente:
- Examen de orina (citología de orina).Se analiza si hay células cancerosas.
- Pruebas por imágenes.El urograma de tomografía computarizada o el pielograma retrógrado, permiten que el médico examine las estructuras de las vías urinarias.
- Uso de un microscopio para examinar el interior de la vejiga (cistoscopia). La cistoscopia puede hacerse en el consultorio del médico o en el hospital.
- Extracción de una muestra de tejido para analizarla (biopsia).Durante la cistoscopia, el médico puede insertar un instrumento especial a través del endoscopio y dentro de la vejiga para recoger una muestra de células (biopsia) para analizarla. La resección transuretral de un tumor de vejiga también se puede utilizar para tratar el cáncer de vejiga.
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